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Habita tus Hábitos y Vive Saludablemente

¿Has pensado alguna vez por qué tenemos una facilidad tremenda de mantener hábitos que nos son precisamente saludables? ¿Y por qué, por lo general, llevar hábitos de vida saludable suponen una dosis de fuerza de voluntad y no nos surgen automáticamente? ¿O por qué incluso siendo consciente de que una actitud, un alimento o un determinado objeto es declaradamente perjudicial para nuestra salud… igualmente lo seguimos consumiendo o actuando? La respuesta está en lo que sucede en nuestra mente. Conocer el mecanismo por el cual mantenemos hábitos que son perjudiciales nos da la llave para introducir, de forma sana y efectiva, nuevos hábitos que nos posi- biliten habitar nuestra vida saludable de forma muy sencilla. Conoce los pasos con los que cambiar tus hábitos y disfrutra desde ya de tu nueva vida saludable.

 

Mucho es ya lo escrito, lo publicado, lo hablado respecto de la salud. Cuáles son los hábitos más saludables, qué hacer ante la enfermedad, qué sustancias o productos son perjudiciales y cuales beneficiosos para nuestra salud…

 

En mayor o menor medida todos conocemos cuáles son los aspectos básicos a considerar para obtener un estilo de vida saludable. Una alimentación equilibrada con productos de calidad, actividad física frecuente, buenos períodos de descanso y un entorno exento de radiaciones, ruidos excesivos y atmósferas contaminantes. Quienes tienen un espectro un poco más amplio de lo que es la salud pueden incluir, en el reciente listado, las relaciones personales sanas, lejos de personas tóxicas que pueden quitarte hasta el último suspiro de tu energía y que, por tanto, son sustentadoras de relaciones nada saludables.

En líneas generales todos estamos de acuerdo en que cuando mantenemos un equilibrio en estos aspectos, las condiciones en las que vivimos son mucho mejores y por tanto obtendremos con mucha más facilidad el estado de salud que deseamos en nuestra vida.

Sin embargo, no siempre es sencillo que ordenemos cada uno de estos aspectos saludables en nuestra vida. Existen miles de justificativos y malas costumbres por las cuales no alimentarnos adecuadamente: es más caro, no tenemos tiempo de elaborar sanas comidas o simplemente tenemos una visión limitada de lo que es la alimentación sana y creemos que ese tipo de alimentación no es sabrosa.

Del mismo modo siempre encontraremos argumentos para no hacer ejercicio, para quedarte un tiempo más viendo el 4 capítulo consecutivo de esa serie que te mantiene insomne frente al televisor, o para no dedicar tiempo a generar tu entorno saludable dentro de tu hogar… y si hay miles de argumentos para no realizar los cambios necesarios en los aspectos recién mencionados, muchísimos más hay para no cambiar nuestras relaciones con amigos/as o pareja, pues quizá supone asumir errores que no siempre uno está dispuesto a asumir, o sencillamente creemos que las relaciones son como son, y no pueden modificarse.

Seguro que te han surgido varios de estos argumentos en tu mente mientras lees este artículo. ¿Has pensado alguna vez por qué tenemos una facilidad tremenda de mantener hábitos que nos son precisamente saludables? ¿Y por qué, por lo general, llevar hábitos de vida saludable suponen una dosis de fuerza de voluntad y no nos surgen automáticamente? ¿O por qué incluso siendo consciente de que una actitud, un alimento o un determinado objeto es declaradamente perjudicial para nuestra salud… igualmente lo seguimos consumiendo o actuando?

Si lo piensas fríamente es totalmente ilógico que constantemente estés consumiendo alimentos que no sólo no son beneficiosos para ti, si no que son enormemente perjudiciales. Igualmente, es ilógico que sigas manteniendo un comportamiento que indefectiblemente te lleva a un estado de desequilibrio psíquico, emocional o físico… como el quedarte hasta tarde viendo el televisor cuando al día siguiente tienes que madrugar, escuchar esa música que te pone triste o seguir aguantando a tu amigo/a que tras una conversación con él/ella te sientes agotado o que te induce a ciertos hábitos que no te agradan… y no me refiero únicamente a consumo de drogas, también entran aquí ir al restaurante de comida chatarra, al bar donde no soportas la música y muchas otras situaciones que directamente no las harías si no estuviese esa persona contigo.

Si observas tu entorno con atención obtendrás la respuesta que, por verla en lugares externos a nosotros, pensamos que a nosotros no nos afecta. Es esa energía inherente en el universo que determina el grado de orden o desorden de un sistema molecular… o dicho en castellano antiguo, la entropía. Según su definición, cuanta más entropía existe en un sistema, más desordenado está.

Y resulta que vivimos en un universo al que le atrae la entropía. ¿Qué quiere decir esto? Entre otras muchas cuestiones que hay una tendencia natural a que cualquier sistema tienda al desorden, siempre y cuando no haya otra energía o fuerza que lo “mantenga ordenado”. Trasladando este mismo efecto a ejemplos prácticos y que todos observamos día a día, la entropía es esa energía que hace que tu casa, si tú no haces algo por evitarlo, tienda a ensuciarse, aunque pases dos semanas fuera de tu casa. Esa misma energía, en otros términos, es la encargada de que cuando dejas unos días de hacer ejercicio, casi por arte de magia, tu musculatura se vuelve flácida. También es la encargada de que los alimentos perezcan, la que hace que se escape el calor de tu casa en invierno o la que provoca que una relación se estropee si te pones en “piloto automático” y no te encargas de hacerla crecer.

Y como no puede ser de otro modo, puesto que nosotros estamos creados esencialmente de lo mismo que está creado cualquier cuestión del universo, nosotros respondemos ante esa misma energía. Nuestra tendencia natural es al desorden, a la enfermedad… a la muerte.

Aunque suene exagerada la reciente afirmación, únicamente tenemos que comprender que, como humanos, somos la única especie animal que, en los primeros momentos de vida, si no hay un agente externo que nos de soporte, directamente moriríamos, pues el bebé es incapaz de valerse por sí mismo… incluso si al bebé le pusiésemos el biberón al lado sería incapaz de tomarlo por sí mismo. Esto no ocurre en otras especies, que ya desde el primer minuto son capaces de caminar o nadar, y al poco tiempo ya se mueven con facilidad por el terreno.

Esa actitud biológica inherente al humano, se imprime en nuestra psique y todo lo que sucede en nuestra mente sigue ese mismo principio. Nuestros pensamientos, nuestras emociones y acciones tienden a ese estado de desorden… si nosotros no nos hacemos presentes. Piensa un segundo ese momento en el que no tienes fuerzas para continuar, en el que dejarías todo y lo mandarías al carajo. ¿Has tenido algún momento así? Ese momento en el que te da todo igual y no quieres o no puedes hacer algo… si ese estado lo prolongas en el tiempo, ¿Qué sucedería? Todo lo que hasta ese momento conseguiste lo perderías, tu estado físico empeoraría, tu tendencia sería a comer comida chatarra – eso si te apetece comer – y tus pensamientos no son precisamente alegres. En ese momento, todas tus fuerzas tienden directamente a la muerte.

Esa operatoria psíquica, digamos que es el recorrido automático de nuestra mente, siempre y cuando tú no contrapongas la otra fuerza motora del ser humano… tu deseo.

 

Si hasta aquí has comprendido lo situado, estás en disposición de entender que siempre que tú no hagas por mejorar tu salud y tu vida… automáticamente empeorará, puesto que el universo nunca se detiene, siempre está en constante transformación. Es por eso que automáticamente tendemos a elegir, de forma casi inconsciente, los alimentos menos saludables y los hábitos menos adecuados, estimulados también por la sensación que te producen estas actuaciones. Una sensación fugaz de falso placer que dura lo que tardas en acabarte esa hamburguesa de la cadena de comida rápida de moda y que, al minuto de haberla ingerido, ya te estás arrepintiendo por la pesadez digestiva asegurada durante las dos siguientes horas.

Y si la influencia de la entropía no fuese suficiente obstáculo en la consecución de nuestros objetivos de vida… también tenemos que enfrentarnos a un sistema que perpetúa esta dinámica. Un sistema de nuestra mente que aboga, dicho de manera muy simplista, por que todo siga igual. Un sistema descrito por Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis, en lo que denominó Principio del Placer y Principio de Realidad.

Según el desarrollo que situó Freud al respecto, el funcionamiento de nuestra psique funciona en base a estos dos principios. Sin entrar por ahora en mucho detalle – ya lo abordaremos en otro momento con más profundidad – es posible situar que nuestra psique sigue un principio, llamado del placer, que pretende que en todo momento, la intensidad psíquica, que para entendernos sería similar a la intensidad de electricidad que soporta un circuito eléctrico, se mantenga siempre estable y con la menor intensidad posible, asegurando que el gasto energético sea el mínimo.

Cualquier cambio que se produzca en nuestro comportamiento psíquico supone un pico de intensidad que, por ese mismo principio del placer, nuestra psique tiende a apaciguar, a devolverlo a su estado original. Esto explica actitudes básicas biológicas que afectan entre otras cuestiones a nuestra percepción y a nuestro pensamiento. Siguiendo ese hilo, es posible afirmar que cualquier cambio notable en lo que percibimos o en lo que pensamos, produce ese “pico eléctrico” y que por tanto produce displacer en términos psíquicos. Las consecuencias de la actuación de este principio del placer son inmensas, aunque muchas de ellas ni nos damos cuenta de que están ahí si no nos lo dicen, pues actúan por vías inconscientes para la persona.

Con objetivo de que comprendas qué influencia tiene en tu vida la actuación de este principio, a grandes rasgos te diré que es el causante de que los primeros días del nuevo entrenamiento físico necesites mucha más fuerza de voluntad para realizar la actividad y que, pasados unos 20 días, ya hasta te apetezca realizar el ejercicio. También es el causante de que mantengas los mismos hábitos e incluso, la misma secuencia de hábitos, llegando a reproducirlos sin prácticamente ser consciente de que los estás realizando.

Del mismo modo es el causante de que tus pensamientos sean siempre idénticos… tal es así, que es uno de los principales sistemas que estructuran las famosas “creencias limitantes”. Creencias que has asumido como verdaderas por tu educación, tu cultura y tus vivencias… y que, si hubieses nacido en otro tiempo, lugar o cultura, no les darías alguna validez. Creencias que cuando toman estatuto de verdad y entran a tu inconsciente, ya se reproducen en ti de forma automática, de la misma forma que lo hace una lista de música de Spotify con repetición infinita. De todo ese proceso, lo que puedes detectar de forma consciente, son el pequeño porcentaje de pensamientos conscientes – esos que puedes escuchar en tu cabeza – y la repetición de conductas que precisamente son, entre otras muchas, las mencionadas al inicio de este artículo.

El principio de placer y de realidad sumado a la entropía es, en definitiva, lo que hace que nuestro comportamiento automático sea siempre direccionado al desorden, que produce enfermedad y en mayor densificación, nos lleva a la muerte… comportamiento que, además, de forma totalmente ilógica perpetuamos.

Ante este panorama sin duda complicado, en el que por tendencia natural y automática siempre nos será más fácil actuar de forma no saludable que de forma saludable, sólo hay una posible solución… y por suerte, un gran truco.

El mismo principio del placer y de realidad mencionado anteriormente nos conduce a la reproducción de comportamientos. Comportamientos que, en base a la repetición, los constituimos en hábitos y que una vez entran en ese lugar de hábito, por pura inercia psíquica los perpetuamos. Como se dice habitualmente “quien hace la ley, hace la trampa”. El mecanismo es siempre el mismo por lo que, si eres capaz de cambiar los ingredientes, el resultado va a ser totalmente distinto y favorable a lo que tú deseas.

Si tú eres capaz de introducir lo que tú deseas como hábito, por ejemplo, un hábito saludable, en el mismo momento que ya lo conviertes en hábito la inercia te ayudará a reproducirlo y, por tanto, será mucho más fácil cumplir con tu nuevo hábito saludable.

¿Qué necesitas realizar para que algo se convierta en hábito o para eliminar un hábito de tu vida? Lo primero que tienes que tener en cuenta es que un hábito, sobre todo los que son más automáticos e inconscientes, están cumpliendo una función psíquica – en otro artículo lo abordaré con más profundidad -; esto significa que realizas ese hábito porque por algún motivo, consciente o inconsciente, te aporta “placer psíquico”.

En muchos casos estos hábitos cumplen la función de “vía de escape”, por ejemplo, la relación del hábito de fumar con la liberación del estrés. Si nosotros tratamos de eliminar ese hábito, en el ejemplo sería no fumar más, sin tener en cuenta la función de ese hábito, además de que va a resultar mucho más difícil porque, digámoslo así, estás yendo contracorriente… es muy posible que además tengas consecuencias en otras áreas como, por ejemplo, cambios de humor que afecten a tus relaciones, ansiedad por tomar dulces o problemas de insomnio. No siempre tiene por qué pasar eso, pero si tratas de cambiar un hábito que te cuesta mucho modificar o mientras estás realizando el cambio tienes algún síntoma similar a lo situado, posiblemente estés ante un hábito que cumple una función importante para tu psiquismo.

En cualquiera de los casos, sea que desees eliminar un hábito de tu vida, que desees cambiarlo, o que desees introducir un nuevo hábito, te aconsejo que sigas unos sencillos pasos para que lo hagas de forma saludable y sobre todo, efectiva, evitando recaídas y logrando tus objetivos con la mínima fuerza de voluntad. Existen vías mucho más efectivas que el esfuerzo y la fuerza de voluntad para lograr lo que deseas.

  1. Automáticamente la entropía te va a llevar a que no cumplas con tu deseo saludable, por lo que, en primer lugar, la única solución posible es que tomes la decisión en firme de que vas a realizar lo que deseas, por ejemplo, cambiar tu alimentación.
  2. Antes de dar cualquier paso has de asegurarte que tienes argumentos suficientes por los cuales convencerte de que ese paso es lo mejor que puedes hacer. Date motivos por los cuales no hacer lo que quieres hacer va a empeorar tu vida muchísimo, va a traerte graves problemas que no vas a poder resolver o directamente juega con una de las cuestiones que a tu ego más le va a molestar: no van a aceptarte… en el trabajo, en casa, en grupos de amigos… lo que detectes que a ti más te molestaría. Magnifícalo hasta que te explote en la cabeza y te entre tanta angustia, que hiervas de deseo de realizar ya ese cambio. Del mismo modo, desmonta cualquier argumentación que tengas establecida y que sustente ese hábito. Es imprescindible que los argumentos que des sean reales y “te los creas”. Es muy importante que realices este paso previamente, de lo contrario, corres el riesgo de que el cambio de hábito sea más un problema que una solución para ti.
  3. Recuerda las argumentaciones que detectes que a ti te movilizan y repítelas en tu mente a cada momento que flaqueen tus fuerzas.
  4. También es conveniente que te ayudes a no repetir el viejo hábito que quieres cambiar. Para eso, elimina todos los estímulos que detectes que te llevan a repetir ese hábito. En el ejemplo de la alimentación, elimina de tu despensa, al menos las tres primeras semanas, los alimentos que quieres eliminar de tu dieta.
  5. Asegúrate de repetir el nuevo hábito durante tres semanas seguidas. En este proceso es donde necesitarás la famosa fuerza de voluntad, especialmente en los primeros días, pero si has completado los primeros puntos con éxito, cuantos más días pasen más sencillo será mantener en nuevo hábito. Lo ideal es que gracias a todos los argumentos que te has dado, esa angustia sea la que te movilice… ya que es un combustible híper efectivo que hará que te olvides de tu “fuerza de voluntad”.
  6. Desde antes de que pasen las tres semanas, la inercia ya te acompañará, por lo que aquí ya no será necesario fuerza de voluntad ni prácticamente angustia. Simplemente tu cuerpo te pedirá que sigas con tu nuevo hábito y te sentirás mucho mejor. Si llegado este punto aún tienes que usar fuerza de voluntad, es porque no tienes argumentos de peso para movilizarte o aún hay alguna cuestión que no has detectado por lo cual ese hábito sigue teniendo su fuerza… Será necesario que encuentres argumentos mucho más estimulantes, que si rascas un poco seguro que los encuentras y que te preguntes ¿Qué ganancias obtienes con ese hábito? Es posible que racionalmente no encuentres alguna, pero si dejas que tu mente te hable sin bloquear lo que surja, seguro que encuentras una respuesta, que, aunque ilógica, es la que está provocando esa situación.
  7. Lo ideal es que el cambio de hábito esté en función de alcanzar un resultado o objetivo que tú desees, por ejemplo, alcanzar un peso corporal deseado, unas cualidades físicas determinadas o, incluso, un resultado laboral/personal en el que se te haga necesario modificar tus hábitos. Logrando establecer un plan hacia alcanzar tu objetivo con metas intermedias y medibles, es mucho más sencillo y estimulante cambiar los hábitos que desees modificar.
  8. Una vez subido en la ola de la inercia, sólo tienes que permanecer atento y no permitir que vuelva a actuar la entropía en ti. De vez en cuando siempre podrás darte algún caprichito, que como comprobarás, también automáticamente cambiará el concepto de caprichito para ti. Pero en ningún caso debes permitir repetir el viejo hábito por más de 1 semana seguida. Recuerda que es mucho más fácil ir hacia el desorden que hacia el orden y que, por tanto, te va a costar mucho más recuperar lo perdido que perderlo.

Entendiendo el mecanismo psíquico y aprovechándolo a tu favor es posible que alcances grandes resultados. De nada sirve “hacer una dieta” o eliminar cualquier hábito que realices a través únicamente de prohibiciones o restricciones, puesto que esa entropía y esa fuerza psíquica actúa como un rio, si le pones el dique en su recorrido, se desborda por otros lados provocando problemas que en muchas ocasiones son serios. Es necesario desarmar lo que da potencia a esos hábitos para que precisamente, hagas los cambios de forma saludable, sin poner en riesgo otros aspectos de tu vida.

Sea cual sea el hábito que deseas cambiar o que desees introducir, sigue estos pasos descritos y comprobarás como crear tu vida saludable es mucho más fácil y mucho más estimulante de lo que te imaginabas.

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